DÍA 2 — HUMILLÁNDONOS ANTE DIOS
- Joey Agosto
- 13 ene
- 2 Min. de lectura
Lectura bíblica: “Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se apartan de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” — 2 Crónicas 7:14
El acto de acercarnos a Dios comienza invariablemente con un profundo sentido de humildad. La humildad, en su forma más pura, no consiste simplemente en menospreciarnos o devaluar nuestro valor; se trata, más bien, de reconocer la profunda necesidad que tenemos de Él en cada aspecto de nuestra vida. Es reconocer que, sin su intervención y gracia, somos incapaces de alcanzar la verdadera rectitud y el gozo. Cuando elegimos humillarnos ante Dios, tomamos la decisión consciente de renunciar a nuestra confianza en nuestras propias fuerzas y capacidades, volviendo, en cambio, a un estado de completa dependencia de su infinita gracia y misericordia.
En nuestra naturaleza humana, a menudo tendemos a desear la intervención y las bendiciones de Dios sin someternos primero a su voluntad y autoridad. Podemos encontrarnos orando fervientemente por cambio, sanidad o guía, pero a veces olvidamos el orden espiritual esencial que nos indican las Escrituras: el proceso comienza con la humildad, seguido de la oración sincera, la búsqueda activa de su rostro y el abandono de nuestros malos caminos. Esta secuencia no es arbitraria; más bien, refleja la verdad divina de que la presencia de Dios no es algo que se pueda exigir ni coaccionar. Es, en cambio, un don que se concede a quienes se acercan a él con un corazón rendido, dispuestos a dejar de lado sus propias agendas y deseos.
Al participar hoy en este tiempo sagrado de oración, el Señor nos extiende una amable invitación: a bajar nuestras defensas y abrir nuestros corazones plenamente a su presencia. Esto significa liberarnos del orgullo que a menudo nubla nuestro juicio, renunciar a la necesidad de control que puede sofocar nuestro crecimiento espiritual y abandonar la autosuficiencia que nos aleja de su perfecta voluntad. En una postura de humildad, creamos el espacio necesario para que Dios actúe con poder en nuestras vidas, trayendo sanidad, restauración y renovación donde más se necesitan.
Enfoque de oración:
Pídele a Dios un corazón humilde ante Él, dispuesto a escuchar y aprender.
Reconoce tu plena dependencia del Señor, reconociendo que todo buen regalo viene de Él.
Entrega el orgullo, la resistencia y la confianza en ti mismo, permitiendo que Dios tome el control de tus circunstancias.
Pide la sanación y restauración que sólo Él puede traer, confiando en Su poder para transformar tu vida y la vida de quienes te rodean.
Oración: Señor, hoy venimos ante ti con humildad, reconociendo nuestra total dependencia de ti. Dejamos a un lado nuestro orgullo y autosuficiencia, y entregamos nuestro corazón a tu divina voluntad y propósito. Enséñanos a buscar tu rostro con sinceridad y fervor, sabiendo que siempre estás dispuesto a escucharnos. Confiamos en tu promesa de perdonarnos, sanar nuestras heridas y restaurar nuestro espíritu. Que nuestros corazones estén abiertos a tu guía y que nuestras vidas reflejen tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.


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