DÍA 6 — ESCUCHANDO LA VOZ DE DIOS
- Joey Agosto
- 17 ene
- 2 Min. de lectura
Lectura bíblica: “ Estad quietos y sabed que yo soy Dios.” — Salmo 46:10
En el constante ruido de la vida, en medio del ajetreo incesante que caracteriza nuestra existencia moderna, escuchar la voz de Dios requiere un esfuerzo deliberado e intencional. Esto no se debe a que Dios esté en silencio o ausente, sino a que a menudo nos encontramos demasiado ocupados, distraídos o abrumados por la cacofonía de nuestro entorno como para escucharlo de verdad. Su voz no compite con el ruido abrumador del mundo; al contrario, se revela en momentos de quietud y contemplación silenciosa, invitándonos a detenernos y reflexionar.
Dios sigue hablando hoy, como lo ha hecho a lo largo de la historia, pero su voz no siempre llega con el volumen ni la urgencia que podríamos esperar. A menudo, se encuentra en los suaves susurros del silencio, en las suaves impresiones que dejan nuestros corazones y en las palabras que traen paz y dirección en medio del caos. Para escucharlo con claridad, primero debemos aprender el arte de detenernos: detener nuestros pensamientos, nuestras actividades y nuestro esfuerzo incesante.
La quietud no debe confundirse con pasividad; es una profunda postura espiritual que debemos adoptar activamente. Implica la decisión consciente de silenciar la multitud de voces que claman por nuestra atención para que la voz de Dios se escuche por encima del estruendo. Cuando aquietamos nuestro corazón y nuestra mente, nuestra sensibilidad espiritual se agudiza, permitiéndonos reconocer su guía con mayor claridad y discernir su voluntad para nuestras vidas con mayor facilidad.
Hoy, Dios no te pide que hables más, que llenes el aire con tus oraciones o peticiones, sino que escuches atentamente. En su presencia, el silencio mismo se convierte en una poderosa forma de adoración. Al dedicarnos a escuchar su voz, descubrimos guía, consuelo y una verdad inquebrantable que ilumina cada paso que damos en nuestro camino. Esta práctica de escuchar puede transformar nuestra relación con él, profundizando nuestra fe y comprensión.
Enfoque de oración:
Pídele a Dios un corazón atento y sensible, dispuesto a escuchar sus susurros y discernir su voluntad.
Entrega tanto el ruido interno como el externo que te distrae de Su presencia, permitiendo espacio para que Su voz penetre en tus pensamientos.
Aprende a esperar pacientemente en silencio delante de Él, cultivando un espíritu de expectativa y disposición para recibir Su guía.
Pide discernimiento para reconocer Su voz en medio del caos, para que puedas seguir Su guía con confianza.
Oración: Señor, hoy elegimos estar en silencio ante ti, dejando de lado las distracciones y el ruido que tan a menudo nublan nuestra mente. Silenciamos otras voces y abrimos nuestros corazones de par en par para escuchar la tuya. Enséñanos a reconocer tu voz en medio del clamor de la vida y a obedecer tu guía sin vacilar. Que encontremos tu paz y verdad en los momentos de quietud, y que nuestras almas se refresquen en tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.


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